Permite el hombre, escuchar el latido de lo desconocido, y mirar
por la ventana de los vientos, esos que interrumpen sin aliento, devorando la
oscuridad. Una bocanada salvaje de acción,
un golpe certero y eficaz.
Ahí, la simpleza de vivir, simple, como la hoja en
otoño, simple, como éstas tierras, caminando con el instinto de buscar. De la búsqueda
incesante de un mundo cada vez mas grande y mas luminoso.
Cuando
los mundos sean mas mundos. Cabrán estos pequeños mundos.
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