Flotando en la neblina de un mundo que se rompe,
me relamo los dilemas bajo la luna negra,
me sigo alimentando sin perder el sabor.
La
espera no lo deja en paz, siempre consumiendo el verdadero momento que se tiene,
tan solo vivir es comenzar.
En
un pequeño pueblo pesquero de la costa mexicana, donde los cantos y la memoria resonaban en borracheras y en atardeceres de guitarras e historias, conocí a un hombre de largo sombrero y flaqueza absoluta, que barría los caminos que no servían más que para que largos tacones no se olvidaran de
su bienestar, nada conocía de ese mundo vil y peligroso, nada conocía de lujos
y menos de copetines y platos sofisticados.
Un
hombre de barriga larga y sombrero gordo, parado sobre el mundo, fuma y ríe, con
su gran habano de risas y sospechosos pensamientos, pisa a quien se acerca y al
que huye lo persigue, cantandole a las
sombras y a su reino. Con sus manos sucias, juega con la consciencia de la
humanidad, ese perfume que sobrevuela las calles de los hambrientos y los soñadores.
Con armas bien filosas busca acuchillarte como
el diablo, capitán de la debilidad y el frio. Su tridente afilado y su sonrisa
apabullante, te señala con su enorme dedo cubierto de placer y pecados, hasta desnudar tu moral.
Un
dragón de fuego y cicatrices, un dolor que se aleja y una gigantesca alegría de
sentir la energía del sol. Las alas del gigante se agitan suavemente, atraviesan el sinsentido que tiene la
inacción y se atreve a esculpir su propio rumbo, retando a un mundo, que de
solo mirarlo envejece. Se alimenta del camino, y se aleja al horizonte, ese
lugar que no tiene dueño, pero logra enamorar a todo peregrino. Iracundo y delirante, escribe su historia con palabras
voladoras, apasionando al viento de mágica poesía rebelde.
En las noches de invierno, solía recorrer la
ciudad, abrigando sombras, del frío y de
otras calamidades.
Tu mirada, es un puño firme que se muestra en
el aire, negando toda dependencia, ni esclavizando los pensamientos. Apuras una
fuerte manifestación de amor, en una tierra que no tiene dueño, ni emperador.
Que les voy a decir, si las venas están sangrando
hace tiempo, todo lo malo lo dejo a un lado y voy comiendo de la tierra, de la
luna y el vino.