Me
salto tres mil tiempos y camino por el umbral de la humanidad, esa que se ha
llenado de horror y fiebre, buscando un soplo en él alma. Imaginando que en los
lejanos pueblos de la selva y los desiertos, existen hombrecitos que buscan el
poder del sol, pidiéndole, con rituales y tambores, que se sumerja hacia las profundidades del
mundo y sacuda los cimientos de la crueldad, y reduzca a cenizas el más mortal de
los pecados, la vanidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario