Las
primeras luces, nos descubrieron soñando, bailando un compás desconocido, caminando
sobre la inagotable locura de saber que en cada latido hay un pulso nuevo y
candente.
Sobre
la tibia tarde, nos vimos reflejados, intensos, abrazando un mundo hechizado de
momentos, luchando una vida mestiza de pétalos salvajes y aromas profundos. Y al
nacer la noche, nos hundimos en lo invisible del universo.
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