PAREDES INVISIBLES

Todavía me guiña el ojo al pasar por esa vieja habitación, mi mente esconde el vacilante pensamiento y el corazón levanta la bandera de la victoria, un gusto, un placer que acaba siendo un todo e infinito, firme, seguro, alimentándose de una mirada inquietante que me dice que aún, el tiempo no se ha desvanecido y que el resto de la historia se puede trazar con una tinta impalpable e imaginaria.

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