EN LAS CALLES


Hace ya mucho tiempo, en esos días de invierno, el frio lastimaba, por amor o quizás por soledad. 
En un día de esos, dicen que, parado frente su sombra, Julio, salió a las calles, silencioso, a refrescarse de un cálido sol que cubriera sus ojos. Buscando historias que valieran la pena, se encontró con una muy especial, que lo llevó hacia lo eterno de este mundo.
En aquel pueblo, Nadie supo más de éste hombre, nadie supo más de sus penas. 
Pero hoy, se ha convertido en leyenda. En ese pueblo, se dice que las historias que valen la pena, son sueños sublimes que te hechizan hasta hacerte volar.

La tumba del hombre-cosa


La masificación suprime los deseos indivduales, porque el Superestado necesita hombres-cosas intercambiables, como repuestos de una maquinaria. Y, en el mejor de los casos, permitirá los deseos colectivizados, la masificación de los instintos: construirá gigantescos estadios y hará volcar semanalmente los instintos de la masa en un solo haz, con sincrónica regularidad. Mediante el periodismo, la radio, el cine y los deportes colectivos, el pueblo embotado por la rutina podrá dar salida a una suerte de panonirismo, a la realización colectiva de un Gran Sueño. De modo que al huir de las fábricas en que son esclavos de la máquina, entrarán en el reino ilusorio creado por otras máquinas: por rotativas, radios y proyectores.
He ahí el fin del hombre renacentista. La máquina y la ciencia que había lanzado sobre el mundo exterior, para dominarlo y conquistarlo, ahora se vuelven contra él, dominándolo conquistándolo como a un objeto más. Ciencia y máquina se fueron alejando hacia un olimpo matemático, dejando solo y desamparado al hombre que les había dado vida. Triángulos y acero, logaritmos y electricidad, sinusoides y energía atómica, unidos a las formas más misteriosas y demoníacas del dinero, constituyeron finalmente el Gran Engranaje, del que los seres humanos acabaron por ser oscuras e impotentes piezas.
Hasta que estalla la guerra, que el hombre-cosa espera con ansiedad, porque imagina la gran liberación de la rutina. Pero una vez más serán juguetes de una horrenda paradoja, porque la guerra moderna es otra empresa mecanizada. Desde la fábrica en que ejecuta un movimiento-tipo, o desde su anónimo puesto de burócrata en que maneja expedientes, o desde el fondo de un laboratorio en que como modesto empleado kafkiano pasa la vida midiendo placas espectrográficas y apilando millares de números indiferentes, el hombre-cosa es incorporado con un número a un escuadrón, una compañía, un regimiento, una división y un ejército también numerados. Y en el que un Estado Mayor, tan invisible como el Tribunal del proceso kafkiano, mueve las piezas de un monstruoso ajedrez, mediante la ayuda de mapas matemáticos, telémetros y relieves aerofotogramétricos.
Guiado por teléfonos y radios, el hombre-cosa avanzará hacia posiciones marcadas con letras y números.Y cuando muere por obra de una bala anónima es enterrado en un cementerio geométrico. Uno de entre todos es llevado a una tumba simbólica que recibe el significativo nombre de Tumba del Soldado Desconocido.
Que es como decir: Tumba del Hombre-Cosa.

Ernesto Sabato.

DIARIO SUELTO DE UN PEREGRINO


Estos peregrinos que encienden la mecha de la locura, éstos, que viajan por este mundo sin rumbo. Estos, que nos miran compasivamente. 
Estos, que con voz cálida, van cantando sus mundos posibles, arropados sin más, que con fuegos, con vientos y mares. Ellos entregan, sus alas, para que sientan la libertad, sus fuegos, para ver los sueños nuevos, los mares para lavar viejas penas.

Pero lo que realmente quieren, estos camineros, es regalar sus vientos para ver volar más peregrinos.

 Existe un lugar que invita a una realidad que no se ve, pero que se mira, una imagen sin sabor, un sol, que no calienta.
En ese lugar, todo parece tener importancia, pero en sus gigantescas veredas se ocultan nefastas tristezas y una pena maquillada de placer y falsas sonrisas.  
Sus habitantes pasan sus días contando historias, entreteniendo a sus cautivos, mientras que afuera de ese gran globo, la vida camina con ilusiones verdaderas, sobre tierras firmes, abrazando la esperanza de ver en cada momento una revolución.


INTERMITENCIAS


Son mis ojos los que miran y es el corazón que siente, la traba de la mente que avanza cayendo desde lo más alto de mí. Se precipita fuertemente hacia la nada, y cae en el infinito de los días.
Un sentido que a veces parece perdido, que te empuja hacia adelante, hacia la tierra de la esperanza. Y ahí comienza un rumbo imperfecto, peligroso. Donde el misterio y la belleza, sobrevuelan las cenizas de la mente.do la oscuridad.

HOMBRES Y ENGRANAJES


El reino del hombre no es el estrecho y angustioso territorio de su propio yo, ni el abstracto dominio de la colectividad, sino esa tierra intermedia en que suelen acontecer el amor, la amistad, la comprensión, la piedad. Sólo el reconocimiento de este principio nos permitirá fundar comunidades auténticas, no máquinas sociales. 

Ernesto Sabato.

UNA BOCANADA SALVAJE


  Permite el hombre, escuchar el latido de lo desconocido, y mirar por la ventana de los vientos, esos que interrumpen sin aliento, devorando la oscuridad. Una bocanada salvaje de acción, un golpe certero y eficaz. 
Ahí, la simpleza de vivir, simple, como la hoja en otoño, simple, como éstas tierras, caminando con el instinto de buscar. De la búsqueda incesante de un mundo cada vez mas grande y mas luminoso.

Cuando los mundos sean mas mundos. Cabrán estos pequeños mundos.